La isla del (tes)oro

Petróleo

Vivo en una isla.

Una isla que busca refugio del profundo Océano Atlántico en la costa africana y que pertenece a un archipiélago, tan pequeño, que si te murieras y al subir y no tuvieras vértigo de mirar hacia abajo te pareceríamos las migas de un pan muy crujiente y recién cortado.

Tan cerca, cerquita, de África que cuando sacuden las alfombras de los desiertos blancos nos llega su polvo en suspensión.

Una isla de luz escapada, con un tiempo que se cuenta en relojes de arena negra, indescriptiblemente preñada de orillas y de olas y de tambores que suenan a hueco. Una isla con tantas estrellas que no caben en la boca, ni para contarlas, y que siempre hay que dejar para después, para otra noche. Una isla luciérnaga en la oscuridad.

Una isla a la que, otros que no somos nosotros, quieren poner rejas en forma de plataformas petrolíferas, dividiendo nuestro horizonte entre lo que está antes de la plataforma y lo que está después de la plataforma. No es justo para un isleño que la mirada tenga como referencia el acero y no el mar. No es nada justo. Por eso elegimos vivir aquí.

Y no lo es además porque los isleños buscamos el horizonte limpio del mar hasta en los posos del café. Y si no lo vemos, nos sentimos en el exilio.

Nos dicen, para convencernos, que en la perfecta Noruega, como símbolo del avance, están encantados con tener las plataformas, con la riqueza que han proporcionado al país, con la cantidad de puestos de trabajo que se han creado. Eso en los anuncios.

Puede ser, pero los horizontes de Noruega no hacen flotar al continente, la riqueza de Noruega es algo que juega en contra de la calidad de vida de sus habitantes, y los trabajos indignos, no deberían ser realizados jamás.

No, no queremos plataformas petrolíferas en Canarias.

Sabemos que el hidrocarburo es finito, como lo es el amor, como lo es el aire dentro del casco de un traje espacial, como lo es la propia conciencia del ser humano sobre sí mismo. ¿No podemos dejar de utilizarlo ya? ¿No sientes que la Tierra nos da la mano y nosotros le cogemos todo el brazo?

Por eso hay que decir que NO. Pero no seamos jodidamente cínicos.

No hay que decir que NO a las petroleras en Canarias, sino también NO a las petroleras en Mauritania o Nigeria, NO a la utilización indiscriminada del petróleo como combustible para todo y sólo en beneficio de algunos. NO a la manera que tenemos de aprovecharnos que no es igual que aprovechar.

Es muy cómodo ir en coche a una manifestación contra las prospecciones e incluso parar a repostar. Muy cómodo gritar contra partidos políticos y luego coger un vuelo para ir a un festival de música indie. Muy cómodo aprovechar el sentir de la gente para conseguir votos. Es demasiado cómodo.

No deberíamos ser tan hipócritas de desear un hogar limpio, sin riesgos, sin interrupciones visuales, a costa de que esos pobres negros africanos que están tan cerca, tan cerquita, nos llenen los tanques.

Esto no va a durar para siempre y habrá que hacer algún sacrificio.

Porque si al morirte y al subir no tuvieras vértigo de mirar hacia abajo te parecería que pertenecemos todos al mismo planeta.

Al mismo.

Y si al subir te diera tiempo y miraras mis pies un día de verano, podrías confundir la orilla de arena negra con el crudo que está por debajo.

Pero no, no lo es mismo.

Y no debería ser lo mismo.

Nunca.

#CanariasdiceNo

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