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Shame: radiografía del vacío

Shame es una película incómoda de visionar porque comienza y finaliza vitalmente deprimida. Esto es solo una advertencia. La disfuncional relación entre dos hermanos (apabullante y físico Fassbender, frágil y rotunda Mulligan) es el hilo conductor de una historia rodada formalmente con mucha frialdad (cargada de planos secuencia y planos fijos) por Steve McQueen pero que pone toda la atención a cada uno de los gestos perpetrados por estos hermanos en contra de la propia vida. 

El espectador asiste, atónito, a la bajada a los infiernos de Brandon, un ser que produce ternura y repulsión a partes iguales (no debemos olvidar que odiamos lo que más se suele acercar a nosotros mismos) cuya vida es una sucesión de momentos anodinos en busca de un nuevo encuentro sexual. La vida, para Brandon, es aquello que sucede mientras folla, lo que pasa mientras consigue orgasmos para anestesiar el alma, lo que pasa al otro lado del cristal donde penetra a su amante. Su hermana, Sissy, dependiente emocional, suicida que cuenta sus años de vida en las cicatrices de las muñecas de la misma manera que  se cuentan en los anillos en el tronco de un ciprés, de autoestima aniquilada, es el contrapunto a una relación fraternal que esconde mucho más de lo que muestra. A Brandon le da asco su hermana, su vulnerabilidad, pero simplemente porque se reconoce en ella, porque los dos son tan similares que se hacen daño. En una de las secuencias clave de la película, ambos discuten duramente, vemos sus nucas, y de fondo se suceden una serie de dibujos desenfocados. Queda claro que algo sucedió en aquella infancia.

Tal vez, una vez, Gretel se acercó demasiado a Hansel para darle calor, solo por ese motivo, y porque no pensaba que la vida continuaría más allá de esa jaula, ni de aquella bruja. Pero al verse libres, intentando volver a casa, no encontraron migas de pan, y se hicieron adultos en medio del bosque, solos, mientras seguían intentando encontrar el camino. Tal vez se separaron, y mientras Hansel fue dejando un rastro de semen, Gretel lo fue dejando de sangre. Tal vez para no volver a pasar por el mismo sitio dos veces. O tal vez porque nadie les enseñó a hacer otra cosa.

La versión más triste jamás cantada del New York, New York, (If I can make it there, I´ll make it anywhere) y ejecutada por una melancólica Sissy, hace que aparezca una única lágrima en el rostro de Brandon. Cuando la formación de las lágrimas está íntimamente relacionada con la formación del orgasmo, y  cuando el origen de ambos es el mismo, el mismo cosquilleo en la nariz o en los huevos, la misma erección en las fosas lagrimales o en la polla, la misma eyaculación en los ojos o en el glande. En estos momentos solo queda el más lleno de los vacíos posibles. Cuando esto sucede, solo se puede hacer una cosa: pedir auxilio.

Al final, parece que el simple girar del mundo es la tentación para una mente herida. Que el resto de los humanos, con su sola existencia, alimentan nuestras adicciones, y complementan un círculo autodestructivo. Todo empieza como acaba, en un tren en movimiento que parece dar vueltas sobre sí mismo, igual que lo hace el deseo convertido en trampa vital. Con la misma inevitabilidad con que las partículas de polvo volverán a posarse en una conciencia limpia de culpa y vergüenza.

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Fue el día en el que abrí el blog, el día en el que no oí a ningún pájaro llamar al Dios de los pájaros, el día en el que vinieron ellas, las que decían que traían consigo y con sus flautas toda la felicidad robada del mundo.